domingo, 26 de octubre de 2014

Otra victima de la barbarie

Estaba a punto de tumbarme para conseguir ese descanso extra que compensase mi déficit de dormir menos horas de las precisas en la noche cuando una llamada inesperada sonó en mi móvil. Era sobre una mala noticia que ya me habían adelantado en la noche del día anterior, pero que al conocer a la víctima alcanzaba otras dimensiones.

En un primer momento no podía dar crédito a lo que me contaban, pero lo cierto es que pronto me di cuenta de que las piezas del puzle encajaban y que la realidad era la que era. Pese a todo pensé que tal vez el sueño se había adelantado a la llamada y que no era más que eso, un sueño. Pero no despertaba del mismo mientras los minutos caían en el reloj.

Decidí que tal vez adelantar la hora de ir al gimnasio y salir a correr me ayudaría. Salí en dirección a la dehesa y esperaba que estuvieses allí, en la curva de la piscina, en el lugar donde hace poco más de un mes mantuvimos una larga conversación sobre el futuro y me comentaste que querías empezar a hacer ejercicio, porque lo de tener que comer fuera te estaba pasando factura.

La rabia me hizo correr más rápido de lo que lo vengo haciendo hasta llegar a ese punto, pero no estabas allí, la pesadilla continuaba y seguía dándole vueltas al asunto. Tratando de comprender lo incomprensible, buscando motivos a lo que no lo tiene y agarrándome a la esperanza de que un día de estos vuelvas a aparecer con tu carpeta a decirme que me falta tal o cual cosa.


Han sido horas de rabia, de indignación y de muchos deseos de que todo vuelva a ser como antes. Todos los que hemos estado a tu lado en algún momento, estamos contigo a pesar de que sabemos que lo tienes muy complicado como he podido saber por boca de tu hermano al que tratamos de transmitirle nuestro apoyo y que envíe nuestras fuerzas para que se sumen a las tuyas en este gran desafio al que te enfrentas, el desafio por la vida.

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